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Un lance de verano


Aquel mes de agosto hizo un calor bochornoso. Mi presupuesto hacía totalmente inviable cualquier tentativa de alejarme de mi bohemio ático en el corazón de la ciudad. Pasaba los días tirado en la cama, desnudo, leyendo un libro tras otro y haciendo viajes a la ducha y a la nevera por partes iguales. Estaba esta última bien provista de helados y refrescos que arruinaron, en unos días, el perímetro de mi cintura. Por las noches, salía a la fresca, ya cenado, y me sentaba en alguna de las terrazas del Barrio del Carmen en espera de que algún incidente singular diera un giro a mis vacaciones. Después de una semana de infructuosos intentos, entablé conversación con un joven extranjero que resultó ser inglés y pintor de  profesión para más señas. Yo no soy muy dado a abrir mi intimidad a cualquiera pero creo que aquel calor me volvió loco y viví una experiencia prodigiosa de la que nunca me habría creído capaz. Ha pasado el tiempo y sigo siendo como siempre: adorador incondicional de las mujeres, sobre todo si son hermosas e inteligentes. De aquel ángel rubio me queda un retrato al carboncillo en el que estoy muy favorecido y un recuerdo intacto  en  rincones privilegiados de mi casa y mi memoria. 

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La han sacado del río inerte. Chen Xingwu, por primera vez en su vida, deja que unas lágrimas resbalen por la arrugada piel de su rostro viril, curtido de soles al son de su pala cavando la tierra, en su interminable lucha por labrar una cosecha. Lili, su adorada niña de quince años, yace muerta en el suelo, devuelta por las sedientas aguas del río Amarillo, el turbio y terrible “río de barro” que devora a su paso bosques y praderas. La gente se arremolina en torno a ellos. Por todas partes deambula el dolor y el miedo Es tiempo de lluvias en la árida meseta de Loess, situada en las entrañas de la profunda China. Pedazos de tierra mojada se deslizan hacia el río. Chen Xingwu le cierra los ojos a su hija, la limpia de lodos y la acaricia apretándola contra su pecho mientras llora inconsolablemente. Le costó decidirse a aceptar a esa niña. En 1986 se había casado con So Young, una joven coreana a la que había comprado en el mercado de novias, a un vendedor itinerante, después de ahorrar d…

Sueño, luego vivo.

Sueño, luego vivo,
tu sonrisa confiada
apoyada en mi hombro maternal.

Escucho tu parloteo incesante
hablándome de esto y de lo otro...
Sin pausa...

Por la noche
te leo un comic de Tintín
hasta que el sueño te transporta a otro lugar.


Llega el día de tu debut en el cine,
acudimos, solemnes, al estreno de ET,
tu vocecilla de niño
resuena en la sala en la primera escena:
-¡Mira, mamá, una casita en Canadá!
Risa general.

Después te comportas como un caballero,
muy atento a la pantalla
hasta que tu voz suena de nuevo:
-Mamá ¿cuándo sale Popeye?
Otra vez las risas de la gente,
se lo toman bien,
no nos echan del cine.

Una fiebre infantil
nos recluye en casa,
llevamos batas de cuadros y zapatillas,
la estufa de leña caldea la buhardilla,
jugamos a las cartas,
mientras una cacerola
recoge las gotas de lluvia
que se filtran por el tejado,
plas, plas, plas...

Otro día vamos muy serios
al Teatro Principal,
Tricicle nos entusiasma,
cuando salimos me dices:
-A mí me gustan las mujeres y la fanta.

Cumpleaños