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Mi vida sin ti



Mientras el cielo se rompía en mil pedazos líquidos y un octubre negro  desangraba al país por causa de una crisis atroz, tú estabas llorando junto a mí, diciéndome que me querías pero que no podías seguir conmigo, que te ahogabas en la rutina y que te sentías muy insatisfecho.
Me abandonabas y yo sentía pena por ti. Conseguí dormir bien aquella noche, la química funcionó esta vez. Me sentí fuerte. No iba a permitir que un hombre me arruinara la vida una vez más. Tracé un plano de mi futuro sin ti: Puse flores en los jarrones, amistades en el sofá, ejercicio físico para mi cuerpo cansado y canciones tristes para recordarte; me vi más delgada y atractiva; seduje corazones desde lejos, con cautela, sin  acercarlos demasiado para no quebrar su fragilidad ni la mía; repartí grandes dosis de afecto entre los míos, los que me apreciaban, los que me necesitaban; me entregué a las letras con pasión, leí libros a destajo y escribí los versos más vivos y los cuentos más audaces. Una vez terminado, lo colgué en el corcho delante de mi mesa de trabajo, para no olvidarlo, para saber qué hacer si me acechaba el desconsuelo. Estaba viva, la sangre fluía por mis venas y había un mundo  fuera  esperando las huella de mi estancia en él. No quería dejar la derrota como recuerdo.

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