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Mi vida sin ti



Mientras el cielo se rompía en mil pedazos líquidos y un octubre negro  desangraba al país por causa de una crisis atroz, tú estabas llorando junto a mí, diciéndome que me querías pero que no podías seguir conmigo, que te ahogabas en la rutina y que te sentías muy insatisfecho.
Me abandonabas y yo sentía pena por ti. Conseguí dormir bien aquella noche, la química funcionó esta vez. Me sentí fuerte. No iba a permitir que un hombre me arruinara la vida una vez más. Tracé un plano de mi futuro sin ti: Puse flores en los jarrones, amistades en el sofá, ejercicio físico para mi cuerpo cansado y canciones tristes para recordarte; me vi más delgada y atractiva; seduje corazones desde lejos, con cautela, sin  acercarlos demasiado para no quebrar su fragilidad ni la mía; repartí grandes dosis de afecto entre los míos, los que me apreciaban, los que me necesitaban; me entregué a las letras con pasión, leí libros a destajo y escribí los versos más vivos y los cuentos más audaces. Una vez terminado, lo colgué en el corcho delante de mi mesa de trabajo, para no olvidarlo, para saber qué hacer si me acechaba el desconsuelo. Estaba viva, la sangre fluía por mis venas y había un mundo  fuera  esperando las huella de mi estancia en él. No quería dejar la derrota como recuerdo.

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Cumpleaños

Una buena lección

Foto de Carles Solís
Yo era una feliz profesora de matemáticas. Ejercí mi profesión durante cuarenta años. Nunca tuve un destino fijo por razones que son largas de contar y que no vienen al caso, aunque su esclarecimiento daría mucha luz sobre el mediocre sistema educativo de este país en el que vivimos. Me consideraba buena en mi oficio y casi siempre recibía el cariño de mis discípulos. Hasta que los nuevos tiempos me enfrentaron a una asignatura llamada Atención educativa.Esta venía a ser el coladero de la mayoría de los alumnos, que huían de la religión. Pero ¡ay de mí! Esos chicos descreídos tampoco respetaban la autoridad de mis canas yde mi oficio y todo terminó de forma intempestiva cuando le rompí una silla en la cabeza a Gregorio Contreras. Se quedó varios meses en coma, reflexionando, supongo, si es que ello es posible en tal estado, sobre las inconveniencias de menospreciar las fuerzas de aquellos con los que nos enfrentamos.

Sueño, luego vivo.

Sueño, luego vivo,
tu sonrisa confiada
apoyada en mi hombro maternal.

Escucho tu parloteo incesante
hablándome de esto y de lo otro...
Sin pausa...

Por la noche
te leo un comic de Tintín
hasta que el sueño te transporta a otro lugar.


Llega el día de tu debut en el cine,
acudimos, solemnes, al estreno de ET,
tu vocecilla de niño
resuena en la sala en la primera escena:
-¡Mira, mamá, una casita en Canadá!
Risa general.

Después te comportas como un caballero,
muy atento a la pantalla
hasta que tu voz suena de nuevo:
-Mamá ¿cuándo sale Popeye?
Otra vez las risas de la gente,
se lo toman bien,
no nos echan del cine.

Una fiebre infantil
nos recluye en casa,
llevamos batas de cuadros y zapatillas,
la estufa de leña caldea la buhardilla,
jugamos a las cartas,
mientras una cacerola
recoge las gotas de lluvia
que se filtran por el tejado,
plas, plas, plas...

Otro día vamos muy serios
al Teatro Principal,
Tricicle nos entusiasma,
cuando salimos me dices:
-A mí me gustan las mujeres y la fanta.