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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuentos

UN CUENTO CHINO

La han sacado del río inerte. Chen Xingwu, por primera vez en su vida, deja que unas lágrimas resbalen por la arrugada piel de su rostro viril, curtido de soles al son de su pala cavando la tierra, en su interminable lucha por labrar una cosecha. Lili, su adorada niña de quince años, yace muerta en el suelo, devuelta por las sedientas aguas del río Amarillo, el turbio y terrible “río de barro” que devora a su paso bosques y praderas. La gente se arremolina en torno a ellos. Por todas partes deambula el dolor y el miedo Es tiempo de lluvias en la árida meseta de Loess, situada en las entrañas de la profunda China. Pedazos de tierra mojada se deslizan hacia el río. Chen Xingwu le cierra los ojos a su hija, la limpia de lodos y la acaricia apretándola contra su pecho mientras llora inconsolablemente. Le costó decidirse a aceptar a esa niña. En 1986 se había casado con So Young, una joven coreana a la que había comprado en el mercado de novias, a un vendedor itinerante, después de...

CONFIDENCIAS

Elia terminó las clases a las 8 de la tarde y se fue caminado hacia su casa. Había tenido suerte con aquella sustitución: era en un instituto de   su ciudad, tenía un horario nocturno de lujo: de   profesor veterano y   jefe de departamento, además. Los alumnos eran tranquilos, sólo había bachilleratos y un ciclo de formación profesional;   algunos compaginaban sus estudios   con la carrera de música en el conservatorio. Éstos eran siempre los mejores, jóvenes con alma de artistas, llenos de pasión y poco proclives a perder el tiempo. Elia estaba encantada y sólo pedía poder quedarse todo el curso en aquel instituto. Aquel día había pedido a sus alumnos de primero que elaboraran una redacción en la que reflejaran alguna de sus preocupaciones, o que hablaran de sus costumbres o de sus ilusiones en la vida. Llevaba en su bolso sesenta narraciones para corregir durante el fin de semana. No estaba mal, teniendo en cuenta que ella no tenía ni...

Carta a Mariano

Querido Mariano: Te escribo esta carta después de días y días de indecisión: mi cabeza, mi corazón y el resto de mis entrañas presas de un torbellino en plena ebullición. Te escribo, Mariano, sin la posibilidad de dejar de hacerlo, aunque sienta un pánico irracional a enfrentarme con la pluma y el papel. Te escribo con la misma necesidad con la que el sol sale cada mañana aunque a veces se oculte tras intensas nubes grises que nos impiden ver sus dorados perfiles. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos, demasiado. A veces, alguien me habla de ti. Me encontré con Lola, a finales de Julio, me contó que seguíais reuniéndoos en Almuñécar todos los veranos. Todos los amigos de entonces, los que en los 70 queríamos cambiar el mundo, los que corríamos delante de los grises y los que pasábamos horas y horas hablando y riendo, yendo a cine clubs y asistiendo a recitales de Raimon y de Lluis Llac o de Joan Manuel Serrat. Sólo faltaba yo en esas citas estivales....

El último detalle

Lucía Quiroga salió del bar a fumarse un cigarrillo a la calle. Hacía un frío de mil demonios en la madrugada del 30 de enero del 2010. Aspiró una bocanada intensa de alquitrán y nicotina que suavizó momentáneamente su desasosiego. Lo tenía en sus manos, sólo faltaba un detalle, el detalle definitivo que llevaría a Domingo Ortuño -un político tan aclamado por un sector de la población como vituperado por el otro-, a pasar una buena temporada a la sombra. Había estado toda la noche al acecho de aquella jovencita alocada, de no más de 16 años, subida en unos tacones de vértigo, con un vestido rojo ceñido a su cuerpo a modo de segunda piel, una melena larga aleonada y un rostro de niña consentida escondido tras varias capas de maquillaje que le daban un aspecto de muñeca frívola y seductora. Volvió a entrar al palacete convertido en el local nocturno más concurrido por la crema de la ciudad. Ahora ya no había una nube de humo al entrar como hacía un mes. Una banda de j...